Miraba las olas, sin prestar mucha atención a nada en especial. Aquel día de verano, se presentaba como otra jornada rutinaria dentro de las vacaciones de verano. Cuando echando un vistazo a twitter, leí un RT “Concurso de carteles” “Solo hay que enviar UN cartel motivador” exponían sus normas. Aquella tarde usual, se había convertido en todo un desafío. Incondicionales, para mí en aquel tiempo, era ese vecino de “enfrente” que saludas y sabes de su existencia, pero poco más. Yo no soy ningún diseñador bueno (aunque alguien se empeñe en decir lo contrario) ni siquiera he estudiado diseño gráfico, solo me gustaba usar Photoshop para fines joviales, pero aquella tarde era distinta. En mi cabeza había como 50 ideas, mandé al correo del concurso cerca de 20 diseños. “Un cartel motivador” eso decían las normas… Me propuse ganar ese concurso; no he mencionado el premio (que era muy bueno) porque, estimado lector, el premio de verdad vendría luego, más tarde. En la playa, allá por Julio, recibí un WhatsApp. Estaba entre los finalistas. No podía dejar de pensar, en ganar. Ganar un simple concurso qué tontería, ¿verdad?  no por el reconocimiento, que entre usted y yo, me daba igual. Sino por sentirme realizado de alguna forma. Sentir que el esfuerzo y sobretodo mis ideas impregnadas en unos diseños, valían la pena. Y cuando el sol decidió esconderse, llegó el ansiado WhatsApp. Había resultado ganador del concurso. Quede por escrito que parecerá infantil. Quizás sobredimensionado, pero aquella felicidad no solo alegro mis vacaciones sino mi ánimo en aquel verano. Lo había logrado, me propuse un objetivo y lo superé.

El premio de verdad, como decía, vendría luego. Conocer a una gente nueva, y que te acojan desde el primer día como uno más, es una sensación fascinante, os lo aseguro. Me pidieron consejo, sobre la tipografía que llevaría el tifo. Es decir, sin conocerme, compartieron conmigo su “secreto mejor guardado”. La realización de un tifo que, más tarde, volvería loco de gusto al cordobesismo. Y ahí estaba yo, hablando de letras, tipografías, y estilos, con una gente que llevaba -horas conociendo- y sobre un “secreto” que ellos mimaban hasta la tarde-noche del primer partido del Córdoba CF, en casa. Decididas las letras, les eché una mano, “tifando”. Primero, perfilando las letras, y algunos detalles del tifo, luego, seleccionando la pintura para pintar -a mano- un señor tifo. Esas tardes, (duras tardes, con turnos de trabajo intenso mañanas y tardes) las recuerdo divertidas, con anécdotas y situaciones ocurrentes. Yo era uno más; no era la primera vez que realizaba un tifo (participé en el tifo contra el Xerez) , pero para mí fue igual o más especial que la primera ocasión. Terminado y doblado el tifo (que bien queda escrito, y que duro es hacerlo), el día del partido Córdoba – Valladolid se desplegó y lució un trabajo, que apenas duró unos minutos sacado, para disfrute de todo el Cordobesismo. Un comienzo, prometedor, con Incondicionales. Quedé atrapado con una gente, con la que cada segundo de tiempo, merece la pena disfrutarlo a su lado. 

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Desde esa realización del tifo, hasta hoy en día, he vivido muchas experiencias.

He sido Fernando, Samuel, he sido Ángel, he sido Mary. Desde que gané el concurso de diseño, protagonizado por Incondicionales, este grupo me atrapó. Me explico. Imagínense, presentarse, ante un grupo de gente, desconocida. En su propio territorio, y en su propio ambiente. He sido Alejandro, Sergio, he sido Rubén. Presentarse ante ellos, para adquirir un premio, que consistía en 15€ de gasto en su sede, y una hermosa bufanda, que, por cierto, me acompaña ahora, al reino. No fue sencillo, pero valió la pena. Valió mucho la pena, he vivido junto a este grupo de gente, momentos divertidos, bonitos, momentos diferentes. Acompañados de un sentimiento blanquiverde que nos une.  He sido Carlos, Gómez, Álvaro, he sido Ricardo. He vivido un viaje (y espero que muchos mas) con ellos, compartido experiencias, animado como uno más.

Multitud de personas con diferentes personalidades, diferentes inquietudes, bajo un mismo paraguas. El de animar al Córdoba CF. He sido Dani, he sido Andrés, Fonti, he sido Fale. Abonado servidor, al fondo sur, para mi Incondicionales era un sector de animación que tenía justo en frente. Una gente que se dejaba la voz y las ganas en una grada que mi vista alcanzaba con un movimiento de banderas blanquiverdes, delante mía. Fue, este concurso el que me dio la oportunidad de poder conocerlos más, de convivir con ellos, e integrarme como un incondicional más. He sido María, Bixaky, he sido Esperanza. Con todo el añadido, de hacer un tifo, (magnifico, por cierto) con ellos. Poder trabajar con Incondicionales, mientras pintas, y escuchas sus historias, hacía que mereciera la pena cada “brochazo”. Anécdotas divertidas, que se cruzan en los recuerdos, mientras, en un pasaje, nos llenamos de pintura, para un trabajo, que además de costoso es impagable. He sido Jesús Ángel, Águila, he sido Alberto. Sentirse uno más. Nunca una frase dijo tanto. Uno más en la grada, ofreciéndome su abono, para que, mi garganta, se rompiera con las suyas, en una grada donde lo que más importa es animar al Córdoba. He sido cada uno de ellos/as, PARA SER LO QUE SOY HOY. Soy un trozo de cada persona, con la que comparto MAS que un amor por unos colores, el blanco y el verde. Soy, un incondicional más, y agradezco de corazón, aquella “llave” dada en forma de concurso, para abrir una puerta, la cual aguardaba amistad, gratitud, y compañerismo. 

 

 Así que, estimado lector, que lees desde un punto neutro esta crónica, te animo a que vivas, lo que he vivido yo, y quedes atrapado, como yo lo he sido, de esta bendita locura, y de sus gentes. 

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