No había amanecido, cuando me desvelé en mi cama, y mire, aun con los ojos semi-cerrados, el despertador… 5:15h, imaginé entonces, como sería este fin de semana, un fin de semana cordobesista, con el mejor broche final, una victoria blanquiverde en Huesca.

Imaginé, que me levantaría, y me ducharía. Después del baño, me vestiría a toda prisa, ropa cómoda, ya que me esperaría un duro viaje en coche. Mi ropa, doblada al lado de mi bufanda de Incondicionales CCF y pequeña maleta, esa que me acompaña fielmente a todas mis aventuras, cuya meta es seguir y animar al Córdoba CF en cada desplazamiento.

Desayunaría con mi padre, ambos ansiosos por salir ya. “Nos esperan en la estación de AVE, en Zaragoza”, esbozó mi padre, tomándose el café, asentí con la mirada. En mi cabeza ya se dibujaría el plan a seguir durante el día. Después del desayuno, nos montaríamos en el coche. Como tónica habitual, mi padre pondría la radio. Noticias que se escucharían de fondo, entre conversaciones cordobesistas con mi padre. En mi interior os confesaré que es la parte de los viajes que más me gusta. Charlas tácticas, anécdotas de otros viajes, hacen que el tiempo pase veloz, y el viaje sea más ameno.

En la estación, recogeríamos a dos amigos cordobesistas mas. Los 4, desde Zaragoza, pondríamos rumbo a Huesca. Mismo modus operandi. Risas, chascarrillos, tweets que se leen, posibles alineaciones… todo vale, para que, en ese coche, el tema principal sea nuestro querido Córdoba CF. Antes de salir, nos encomendaríamos a la virgen del Pilar. Habría que aprovechar la ocasión, para pedirle por nuestro equipo y la victoria en tierra oscense.

Ya en territorio de Huesca, tendríamos una cita con la peña “fenómenos oscenses”. Con ellos, seguro que nos pondríamos de comer hasta arriba, de cantar canticos mientras entre plato y plato disfrutamos del hermanamiento. Seguro que nos pondrían música, y tomaríamos unas copichuelas. Allí, la verdad, que lo pasa uno muy bien, el trato siempre es exquisito.

Sería turno ya de descansar del primer día en Huesca, mañana día de partido, sería más épico aún.

dias del futuro pasadoYa no podía estar más en la cama, me encontraba anhelante, el tiempo pasa lento, inamovible ante mis idas y venidas en la cama, y mi lucha contra la almohada por situarla perfectamente en sintonía con mi cuello. Miré de nuevo el despertador y no eran ni las 6 de la mañana.

Curioso, mi cabeza, ya había edificado una jornada completa en Huesca, y el tiempo en mi habitación no había pasado de media hora… Vi oportuno seguir pensando, en silencio, como sería el día del partido.

Me figuraba que, me levantaría con una sonrisa la mañana de partido. Después de un sueño reconfortante, me despediría de ese hostal en Huesca, con un solo objetivo en mente, GANAR. Como si de unos guerreros se tratarán, mi padre y yo nos ataviaríamos con bufandas y con la blanquiverde. Listos para la lucha en el “Alcoraz”. Para esta pugna en el verde, no estaríamos solos, guerreros de otras peñas cordobesistas nos acompañarían en el fragor de la batalla. Pero no quisiera adelantarme en los acontecimientos, conociendo a mi padre, comeríamos de nuevo, en algún restaurante que ya hubiéramos conocido con anterioridad. Costumbres que él tiene. El restaurante seguro que recuerda con anhelo partidos épicos como el del ascenso que ya tuvimos en estas mismas tierras hace años. Seguramente, después de comer, pasearíamos por la ciudad, -la calma antes de la tormenta-, me haría ilusión, encontrarme con algún jugador, y alentarlo.

Y sin mas dilación llegaría la hora del partido. Dios, siento que mis pulsaciones están a tope. ¿Qué hora será ya? 6.11…ufff Ya me veo entonando el “sobre el campo, la verdad…” ¿jugará Xisco? ¿qué sistema utilizará Oltra? ¡Me encanta fantasear cómo será el partido, los goles, Xisco, en un córner…GOOOLL!!! Florin solo solo… GOOOOL ufff, estoy riéndome, solo en mi cuarto solo de pensarlo.

+ ¿estas despierta, Rocio? Se escucha una voz bajita, al lado de mi puerta…

  • Sí, papá

+ Vamos, levántate y vamos a desayunar, hoy vamos a Huesca, y mañana, ganamos allí. Seguro.

 

Rocío Fernández Loeches.