Gol. Una sola palabra. Tres grafemas. La retroalimentación que une a aficionados y futbolistas. La vida en un suspiro. Cúmulo de energía estornudada desde el corazón hacia la garganta, y de la garganta al exterior. El fútbol vive del gol y el gol vive del fútbol. Parece sencillo. Conciso. Breve. Pero al Córdoba CF no le entra la pelotita. Que no, que no quiere entrar.1485033104_648111_1485033346_noticia_normal

La expedición cordobesista se plantó en Santa Cruz de Tenerife para jugar de tú a tú al equipo local, para sacar los dientes y las garras. Eran los elegidos, nuestros elegidos, y se encomendaron a arrebatar de la roca la Excálibur isleña, pero lo única realidad es que la aventura concluyó en tintes de hara-kiri colectivo -el mismo que más de uno de los que vimos el partido sentimos ganas de realizar en nuestro propio vientre-.

El encuentro agonizaba y con él los 11 que portaban el escudo que de alguna forma u otra tatuado en mi piel se encuentra. Estaba con cuatro amigos en un bar de copas y lo más heavy que había en nuestra mesa era un Aquarade de limón que tomaba uno de los nuestros para combatir unas anginas. Corría el minuto 85 de partido, y con la mirada perdida en el televisor pude divisar a dos niñas que pasaron como un relámpago delante de mí. Iban en patinete, el mítico, el de toda la vida. Dos ruedas traseras, una delantera, y un soporte con manillar para guiarlo. Nada de hoverboards suicidas ni smartphones consumidores de cerebros -el mío, o lo que quede de él. el primero-. Fue entonces, cuando volví a mirar a la televisión y me di cuenta de que en mayor o menor medida la vida sigue siendo igual. Flashback en el ahora. Flashback en el presente.

La vida sigue siendo igual, pero al fin y al cabo la vida sigue, y yo lo tengo claro, el próximo fin de semana en el reino blanquiverde estaré, sentiré los nervios de antes de los partidos, y me ilusionaré. Lo que sucederá después escrito en los libros akáshicos está, y ahí quedará con suspense…
Bartolomé Dobao (@Bartolionheart)