Es muy difícil mantener la cordura y pulsar teclas fríamente para redactar un escrito que no quieres escribir. A veces una hostia a mano abierta bien dada por la realidad es capaz de abrir los ojos mucho más que un golpe a fuerza bruta, y sé muy bien de qué hablo.

Realidad me realizó ayer una visita. A mí, al tío que no goza del mayor optimismo del mundo, pero que intenta evadirse siempre del pesimismo más cizañero, ese que últimamente se ceba con todo aquel que quiere a este club. El Córdoba CF no conoce lo que es ganar en 2017, y lo que es mucho más terrible, la solución no parece tener ganas de aparecer a orillas del Guadalquivir.w_900x700_29161404_mg_5143 Por primera vez en todo lo que va de temporada pequeñas cosquillas afloran en mi estómago cada vez que escucho: “Segunda B”. La veo lejana, al menos más que una gran parte de la afición, pero si miro al horizonte, tras las mareantes olas y una espesa niebla, la puedo alcanzar a ver. Borrosa, casi inapreciable, pero lo veo. Me comienzo a enervar.


Aún recuerdo el tweet de un conocido aficionado en los últimos compases de la desastrosa campaña de Primera División que rezaba: “duele que no duela”. Eso mismo está sucediendo. Regresa el runrún que tanto gusta a los cavernarios, regresan los paseos y regresan los: “vaya mierda de Córdoba tienes” a las ocho de la mañana del lunes. La diferencia es que lo de hace dos años si caíamos regresábamos a nuestro hábitat natural, si ahora caemos lo hacemos al infierno.

Un chavalín súper triste a la salida del partido le dijo a su padre: “jugando así creo que vamos a quedar terceros”, ojalá y tus pesadillas se hiciesen realidad, chaval.

Bartolomé Dobao @Bartolionheart