Córdoba 0  –  Huesca 2

No hay “bueno” en esta historia. No hay nada o -casi nada- bueno que sacar de una derrota. Una derrota que empezó con un día gris y lluvioso. Si he de señalar al “feo” sería eso, el temporal. Un temporal que nos dio la bienvenida entre gotas de lluvia, camino a una protesta que nos recordaba mucho a la del día de Murcia. No entraré en el tema de protestas, el hastío que me produce el Córdoba, me sitúa en un marco donde escribir de él o sobre él me hace pensar varios minutos que decir, que escribir.  1486893272_030834_1486900461_noticia_normal
Ya con el balón en el césped, ambos conjuntos fueron nefastos. Llegaron minutos en los que parecían una exhibición de torpeza el uno con el otro. Como si compitieran para demostrar quién era más maligno. En la segunda parte, la afición blanquiverde, minuto 54 en juego, señaló con una “pañolada” al palco, y con ese ambiente enrarecido y de crispación, el Huesca tomó los mandos del partido sumado a que Aguza (ya con amarilla) obtuvo la segunda tarjeta y la consecuente expulsión. El capitán Luso que se encontraba en el banquillo, fue expulsado con roja directa. Acción que le puede acarrear varios partidos de expulsión.  A partir de ahí el Huesca lo tuvo más fácil.  Vadillo hizo doblete y situó al Córdoba en “lo malo”:  una posición de descenso que llevaba años sin ocupar, con una afición herida e indolente, y la misma crispación que en la protesta horas antes.