Como ese loco enamorado que aguardaba impaciente bajo la ventana de su amada a que esta se asomase en tantas historias que nos han contado cuando éramos pequeños, así se halla todo cordobesista que se precie un día de partido esperando a que arribe a la mayor brevedad la hora en que el plantel blanquiverde se vista de corto y comience a calentar sobre el césped, da igual que sea en casa y en el reino blanquiverde te halles, o que el encuentro sea a domicilio y te separen de los jugadores píxeles, muchos kilómetros y miles de píxeles.El duelo en el Municipal de Montilivi como viene siendo habitual, no fue una excepción. Oír por televisión a Carrión en el vestuario arrear a los suyos -los nuestros- a grito de: “vamos chavales, son tres puntos muy importantes” fue como esa sensación cuando subes una fotografía a Instagram y das con el filtro perfecto, el ambiente se hizo idóneo, y la idoneidad es el arte que viste con marca de perfección.

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El destino es ocioso, a la vida le gusta jugar porque sin juego no hay diversión, y de eso en Córdoba sabemos un rato, estamos curados de espanto, pero que tu cuerpo cicatrice bien las heridas no necesariamente implica que éstas no manifiesten dolor o no dejen secuela. Los fantasmas están siempre presentes, nunca abandonan a una afición abandonada. Minuto uno y ya estábamos con uno en la saca, con uno en la saca y viéndonos superados achicando una marea de jugadas -embestidas-. La tónica del duelo no cambió hasta un poco después del segundo tanto catalán. Twitter hervía, y entre tweet y tweet nos tropezamos con la sensación de no poder escribir, ¿por el límite de 140 caracteres de la red social del microblogging?, no, es aún más cruel. Perdimos el habla, el don de escribir e incluso en algunos casos hasta la razón, tras ver como los nuestros erraban una triple ocasión en menos de cinco segundos. Duro, Maquiavélico. ¿Cuánto más se ha de pagar con sangre y sudor aquellas lágrimas de emoción derramadas aquel 22 de junio? ¿Cuántos impactos de asteroide será capaz de resistir la nave cordobesista? Son heridas labradas con balas de guerra, y que intentaremos curar entre todos en rebelión, en conjunto…

Bartolomé Dobao

@Bartolionheart