Por lo general siempre espero uno o dos días para hacer esta especie de crónica subjetiva que la familia -mi familia, aunque esté un poco emancipado- de Incondicionales CCF me brinda la oportunidad de escribir, pero hoy la escribo minutos después del bochornoso chaparrón que los blanquiverdes han recibido en Lugo. Tal vez los buenos escritores y columnistas sean capaces de ser retóricos tanto en los mejores como en los peolugo-cordoba-imagenes_1106000041_64745993_667x375res momentos, pero como yo no lo soy, y como aquí hace todo el mundo lo que se le da la gana, tal y como arranque las palabras de mi corazón así serán plasmadas.

El Córdoba iba 1-0 abajo en el marcador, y en la segunda parte los que parecían ir perdiendo y necesitar marcar eran los lucenses. Tenemos un entrenador -en el momento de escribir esto sigue siéndolo, no sé si cuando lo leas ya será historia- que no tiene soluciones. El optimismo parece haber cogido un vuelo chárter a grito de: “ahí os quedáis, pringados”. La moto ya no hay quien la compre, al contrario, están las tiendas de segunda mano repletas de cordobesistas que quieren vender la que le habían comprado a algunos a principio de temporada.

Yo ya no creo a nadie, ganas años de vida cuando haces eso, y el lunes a las ocho de la mañana legañoso y con mirada de zombie, cuando el cenizo de turno me diga eso de: “qué equipo más malo tienes” asentiré con una incómoda sonrisa como siempre, porque al fin y al cabo mi equipo es y será siempre el mismo, el de color blanco y verde, y con él a muerte, pero tengo que aguantar las tempestades que provocan los de los paseitos, los trajecitos, y los desajustes económicos.

Bartolomé Dobao @Bartolionheart